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1749. La tragedia de la ermita de San Andrés.

Imagen 1. Santuario de la ermita de San Andrés en Viso del Marqués. Fotografía de Jesús Lillo.
Imagen 1. Santuario de la ermita de San Andrés en Viso del Marqués. Fotografía de Jesús Lillo.

Al siglo XVIII se le llamó “de las luces”, pero no hay luz sin sombra. En España florecieron las artes, la ciencia y la economía con figuras como Jovellanos o Floridablanca. Sin embargo, hubo episodios poco conocidos que incluso entonces se percibieron como una atrocidad.


Imagen 2. Gitanos andaluces en el siglo XIX.
Imagen 2. Gitanos andaluces en el siglo XIX.

Los gitanos estaban en España desde la Edad Media. Aunque algunos eran nómadas, muchos vivían asentados, dedicados a la herrería o la venta de ganado. Para la mentalidad de la época, su modo de vida y su escasa sujeción a leyes los convertía en un problema de orden público que se decidió “resolver” de la forma más cruel: su eliminación como grupo.



Imagen 3. Retrato del marqués de la Ensenada, por Jacopo Amigoni, c. 1750. (Museo del Prado).
Imagen 3. Retrato del marqués de la Ensenada, por Jacopo Amigoni, c. 1750. (Museo del Prado).


Fernando VI (reinado 1746-1759), hijo de Felipe V, tuvo como ministro al marqués de la Ensenada, quien ideó un plan: detenerlos por sorpresa y separar a hombres y mujeres de por vida para impedir su descendencia. Los hombres —desde los siete años— serían enviados a trabajos forzados en minas o arsenales; mujeres y niños, a fábricas reales.

La operación se organizó en secreto y, en la madrugada del 30 al 31 de julio de 1749, ejército y alguaciles actuaron simultáneamente. En pocos días capturaron a unas 9.000 personas.


Imagen 4. Real Orden para la prisión de gitanos.
Imagen 4. Real Orden para la prisión de gitanos.

El resultado fue desastroso: muertes sin delito, fugas, motines y enfrentamientos. El caso más grave de resistencia armada ocurrió en nuestra ermita de San Andrés, donde unos cuarenta gitanos se refugiaron, buscando protección en la sierra y al mismo tiempo acogerse a sagrado, ya que dentro de un templo no podían ser detenidos. Ignoraban que esa protección había sido recientemente anulada por el Papa y estaban indefensos.

Según documentos del Archivo de Simancas, los alguaciles del Viso y de Calzada, junto a 24 soldados, los sorprendieron acercándose ocultos bajo el toldo de una galera y los capturaron (AGS Guerra Moderna - Legajo 5060).


¿Qué fue de ellos? Si muchos de los detenidos pacíficamente acabaron en las minas de Almadén o en los astilleros de Cartagena, su destino debió de ser aún peor. Probablemente pocos sobrevivieron hasta el indulto concedido por Carlos III catorce años después.


Los muros del santuario han sido testigos de siglos de devoción y alegría; pero también de esta historia de dolor e injusticia que merece ser recordada.


 
 
 

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© 2022 por Soledad Chico Alcaide. Creado con Wix.com

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